En los subterráneos de la ciudad, sucede la maldad en todas sus formas, desde los seres de Olao Magno hasta el hastío de la multitud; calle abajo por la ciudad, deambulan sonámbulas, algunas mentes psicóticas alborotando la impunidad, y mientras tanto... hay un boulevard salvaje que escupe sangre y virilidad, lleno de mástiles al mando de las mascotas de Bast.
Dentro del submarino oxidado que navega entre la parafernalia de la vida: Bailan alegres los cucumelos, gritan y saltan las madreselvas, sueñan felices los puercoespines, brindan al viento catorce hombres griegos.
Geozoología de la industria de la psicodélia: Pirañas aladas saliendo del agua de un inodoro multicolor; peces ciegos de lomo azul aleteando, mudos y sordos, ante el maremoto escatológico.
Calor, humedad, viejas de látigo, delfines de Commerson, ostras de la bahía de Chesapeake.
Una noche de verano bajo las estrellas, feliz, felices, inconscientes.
Fóbicos: Casi todos despertarán en la penúltima mañana, y el letargo será solo un recuerdo.
En los subterráneos de la ciudad: Niños horrendos rinden tributo a dioses paganos hiperrealistas, y mientras tanto... sus padres necios, gimen ante la piedad de los coroneles de la ley.
Mundo hipócrita, mundo paranoico, deja vivir a quienes no gozamos de tu lealtad, ten un intento de santidad y danos el manto oscuro de tu misericordia gris, entonces seremos dichosos en el absurdo.
juanandré
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